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lunes, 17 de septiembre de 2012

Si te lías, te fumo.


Le quiero a él como puedo querer un día en la playa, un helado en verano o un abrazo en invierno. Como una foto de mi infancia o como unos tacones para las ocasiones especiales. Le quiero de aquí hasta la luna, hasta marte, de aquí hasta el infinito, hasta que se acabe el espacio, ¡incluso mas!. Le quiero como un peluche suave al que puedes abrazar todas las veces que te sientas sola. Le quiero. Quiero emborracharme con sus besos y colocarme con su mirada. Cada día. A todas horas. Le quiero en formato pastilla, inyectado en vena o liado en un porro, me da igual, porque Le quiero.  Quiero disfrutar de un día a su lado, perderme en sus abrazos y volar con sus caricias. Reírme con sus tonterías, llorar con sus palabras y soñar con sus locuras. Quiero amanecer a su lado tras la noche anterior haberme acostado con un “te quiero” susurrado al oído y quiero escuchar esas canciones que tanto nos gustan cogidos de la mano. No pido tanto. Él es todo cuanto quiero.



 Él es la única droga a la que quiero ser adicta.

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